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domingo, 5 de junio de 2011

Restauran el lujo teotihuacano


Tras un minucioso trabajo de conservación y restauración, el Palacio de Quetzalpapálotl, uno de los conjuntos habitacionales más lujosos de la zona arqueológica de Teotihuacán, ubicado a un costado de la Pirámide de la Luna, reabrirá sus puertas al público en enero de 2012 con una museografía que apuesta por la conservación de los casi 250 metros cuadrados de pintura mural y las columnas talladas que ese recinto alberga.
Además de los trabajos de conservación de pintura mural que se realizan en los vestíbulos, corredores y aposentos de este complejo arquitectónico atribuido a la residencia de los principales sacerdotes de esa ciudad antigua, el equipo encabezado por la arqueóloga Verónica Ortega lleva a cabo labores de mantenimiento e investigación arqueológica en un área subterránea, a cuatro metros de profundidad con respecto a la superficie del patio principal del recinto, también conocido como el Palacio de las Mariposas.
De esa especie de ventana arqueológica que el arqueólogo Jorge Acosta dejo al descubierto en los años 60, cuando reconstruye el Palacio de Quetzalpapálotl, se han retirado grandes cantidades de tierra y se ha logrado recuperar varios adobes antiguos, fragmentos de pintura mural con pigmentos verdes y rojos, así como cinco escalinatas que podrían conducir a un recinto similar al del Palacio de los Caracoles Emplumados, también ubicado bajo este palacio y conocido por tener una plataforma decorada con coloridas pinturas murales originales.
“Por la profundidad sabemos que pertenece a la misma etapa que la de los Caracoles Emplumados”, indica el arqueólogo Víctor Hugo Castañeda, quien en las últimas semanas se ha dedicado a retirar los escombros que ocultaban las escalinatas. La humedad y el olor a tierra recién removida que se percibe al bajar a esa superficie dan cuenta de los trabajos de excavación que los arqueólogos realizan en esa superficie.
Mientras sostiene en sus manos un fragmento de pintura mural de color verde, el arqueólogo indica que en los próximos días se sabrá con más certeza a dónde conducen esos escalones. “Podría llevarnos a una plataforma con pintura mural similar a la que se conserva en el Palacio de los Caracoles Emplumados o pueden ser las escalinatas de una estructura o pirámide de cuatro metros de altura”, explicó Castañeda a EL UNIVERSAL, durante una visita al sitio arqueológico.
Esta investigación arqueólogica, explicó Castañeda, es la continuación del trabajo que el arqueólogo Jorge Acosta no culminó en 1960, cuando dejó al descubierto el Palacio de los Caracoles Emplumados: “Estamos retomando la exploración para verificar algunos datos y poder establecer una cronología más precisa. Lo que ahora estamos encontrando son etapas previas a la edificación del Palacio de Quetzalpapálotl”, explica.
Según el arqueólogo, la construcción del Palacio del Quetzalpapalótl data de los años 400 y 600 d. C, mientras que el de los Caracoles Emplumados se remota al 200 a 300 d. C.
“Rellenaron hasta cuatro metros esta estructura para sustentar la nueva edificación, que sería el Quetzalpapálotl”, explica el arqueólogo.
Por ahora, explica emocionado, si lo que encontramos es la entrada a un cuarto con pintura mural, habrá que ampliar los trabajos de exploración.
La recuperación de un recinto
De regreso a la superficie, en el vestíbulo principal, flanqueado por pilares y paredes decoradas con pintura mural en la que predominan elementos relacionados al agua, un grupo de restauradores, dirigidos por Gloria Torres, trabaja paciententemente en la reintegración de color de los murales que adornan este recinto.
“Lo que aquí está haciendo el restaurador -señala Verónica Ortega mientras invita a que nos acerquemos a uno de los trabajadores- es insinuarnos la silueta original pero sin llegar a remarcarla totalmente porque se tiene que respetar la historicidad del monumento”.
Una de las formas de lograrlo, explica la arqueóloga, es no utilizar pinturas vinílicas. “Intentamos igualar con cal y pigmentos minerales los colores que utilizaban los teotihuacanos”, explica Ortega, mientras levanta la manta que protege parte de las pinturas murales del vestíbulo principal del palacio.
Además, los restauradores sometieron a limpieza los pilares que rodean el patio central, cuyos labrados evocan caracoles y lo que parecen ser los ojos del dios Tláloc.
Trabajan también en el levantamiento del piso de cemento del patio central. Antes de volver a montar un piso de cemento, la arqueóloga explica que la restauradora Gloria Torres trabaja en una investigación que permitirá ver qué tipo de cal utilizaban los teotihuacanos y de qué yacimientos la traían para encontrar la fórmula adecuada.
“Es impresionante la técnica de sus pisos, el estuco no se les truena, es una capa de 5 milímetros y dura cientos de años; los estucos originales tienen más de mil años y no se truenan”, explica.
Museografía integral
El proyecto iniciado en 2009 y que ha contado con un presupuesto de 2 millones 700 mil pesos en cada temporada de trabajo, incluye también la adaptación de una museografía que permitirá la conservación de los murales.
Aunque aún faltan por hacer algunos aplanados de pisos y muros, Ortega indica que ya se trabaja en lo que será la nueva señalización y en los senderos que conducirán a los visitantes durante su recorrido por el recinto.
“Estamos buscando que el mobiliario se integre al edificio, que no obstaculice ni agreda la originalidad y esencia prehispánica del edificio”. Explica que, a diferencia de la anterior disposición de los señalamientos, que se ubicaban sobre los muros reconstruidos, ahora se optará por los cedularios de mano, además de que el acceso se restringirá a grupos de 20 personas.
El espacio de los aposentos que flanquean el patio principal también está siendo adaptado como salas de exposición. En el aposento norte se exhibirán imágenes del proceso de recuperación del recinto, así como una animación en tercera dimensión, para que el visitante pueda ver cómo era el edificio. En el aposento sur también se mostrarán imágenes, así como un sistema de drenaje prehispánico hallado bajo el piso de cemento colocado en 1960.
Los trabajos que esta cuadrilla de trabajo integrada por 20 personas, entre restauradores, arqueológos, arquitectos, ingenieros, diseñadores y hasta albañiles, realizan culminará en octubre próximo, y para enero de 2012 el visitante podrá nuevamente apreciar este emblemático edificio, conocido por las repetidas representaciones de mariposas y plumas de quetzal.

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